A veces me pregunto por qué no me di cuenta antes de que esto de escribir era tan placentero y proporcionaba tantas satisfaciones. Mejor dicho, no pensé que lo que yo pudiera escribir fuera de interés para alguien. Me di cuenta a mis 50 años, cuando me presenté por primera vez a un certamen nacional de cartas de amor, donde obtuve el tercer premio.
Esto me sirvió de estímulo, y a partir de ahí he escrito tanto relato breve como novela.
No sé si debo considerarme como escritor, lo dejaremos en aficionado, puesto que escribo e intento aprender cada día, pero eso no es lo más importante. Lo mejor de todo es el placer que me produce ponerme a escribir.
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